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ALUCHES O LUCHA LEONESA

  • Se trata de una fiesta cuyo origen lo hallamos en la mitología y en diversos ritos relacionados con la naturaleza y la cosmología prerromana. Posteriormente, los romanos los integraron en su religión a través de las fiestas Saturnales, Lupercales y las Kalendas. En la Edad Media se vieron modificadas, otorgándoles un trasfondo cristiano y procediendo a su teatralización. Se celebran en dos momentos: un primer ciclo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero; y un segundo ciclo, en carnaval.
    El objetivo de estos ritos es el de purificar a las comunidades aldeanas al terminar el año mediante recorridos por las calles, ruido de los cencerros y el canto de las loas. Tenían como fin traer la fertilidad a los campos y a las propias comunidades campesinas a través del uso de ceniza, los golpes y la magia simpática de arados, siembras, reparto de pan bendito o consumición de los mejores frutos del año. Para ello se emplean trajes y máscaras de seres demoniacos y zoomorfos, acompañados de los cencerros y otros instrumentos que ayudan a la escenificación por las calles mientras se pide el aguinaldo.
    Aunque celebraciones similares son frecuentes por toda la geografía peninsular, Zamora y Tras-os-Montes concentran el mayor número de máscaras de origen antiguo de toda la Península Ibérica. Sin embargo, entre las mascaradas zamoranas, hay diferencias notables que nos hablan de un origen y de una evolución distintas. Es preciso tener en cuenta que estas celebraciones son restos de ritos arcaicos, fruto de creencias y mitos diversos que hoy desconocemos. Una de las más características es el llamado Tafarrón que se celebra en la localidad zamorana de Pozuelo de Tábara.