Elige idioma:

País Leonés, siglos XIV y XV

  • Estatua de Guzmán "el Bueno" en León


    Códice de Zamora


    Estatua de Men Rodríguez de Sanabria


    Juana García, "la Dama de Arintero"

  • Con Fernando III de Castilla las Cortes de León y las de Castilla siguen reuniéndose por separado. En tiempos de Alfonso X, “el Sabio”, el predominio de lo castellano hace que algunos leoneses emprendan de nuevo la rebelión.  Se les trata como a herejes.  Este rey redacta las leyes godas para el reino de León y para Toledo, pero no para Castilla.  Favorece la lengua castellana y también la gallega, pero posterga la leonesa; del mismo modo favorece la economía de Castilla.  Desde 1273, la lana se comercializa exclusivamente en Burgos y se transporta hacia Europa por marinos vascos.  Los concejos leoneses empiezan a perder privilegios y a despoblarse, otorgándose en el actual País Leonés más dominios feudales a nobles y a eclesiásticos, donde antes había concejos de hombres libres.  En 1274 se celebran Cortes en Zamora, ocho por el reino de León y seis por Extremadura, de los que tres castellanos y cuatro leoneses irían siempre con el rey, y otros tres leoneses conocerían los fueros para juzgar a los no castellanos, es decir, a los pertenecientes a la corona leonesa, a los de Toledo y a los andaluces.  Sigue Castilla gozando de sus jueces, mientras el reino de León pierde sus notarios. Antes de la muerte del rey, que había intentado coronarse emperador del Sacro Imperio, sobreviene un pleito sucesorio.  Estallan nuevas rebeliones en Zamora, en Toro y en Sahagún, que Don Juan, hermano del rey, sofoca por su método infalible; secuestrar y amenazar de muerte a los hijos de los rebeldes, en este caso de Teresa Gómez, mujer alcalde de Zamora, que finalmente cede.  Pero años más tarde Guzmán “el Bueno” no lo hace.  El príncipe termina triunfando sobre su padre, teniendo Alfonso que pedir ayuda a Marruecos, venciendo a los leoneses sublevados y refugiándose como otras veces éstos en Zamora, donde el príncipe Sancho  establece una corte, separada de la de su padre.
    Sancho IV de Castilla reúne una vez más todo el territorio de la llamada “corona de Castilla” a la muerte de su padre, aunque los leoneses recuperan algunos de sus privilegios, recogidos en el “Códice de Zamora”.  A esta ciudad favorece Sancho grandemente, fundando la iglesia de la Hiniesta y residiendo muy frecuentemente en ella.  A su muerte, ejerce la regencia su viuda, María de Molina, estallando nuevas discrepancias entre leoneses y castellanos.
    El príncipe Don Juan se mueve ahora a favor de León, fortificándose en Valencia de Don Juan (Coyanza), apoyado por los portugueses, gallegos y aragoneses, mientras los nobles Haro y Lara fomentan también la rebelión separatista de Castilla.  Por los “enlaces de Alcañices”, en 1297, María de Molina logra el apoyo a su causa de leoneses y portugueses.  Sin embargo, a punto está de ser coronado rey en León Don Juan, por la unión de los concejos de Benavente, Zamora y Villalpando.
    En 1301, bajo Fernando IV, se reúnen cortes en Zamora, quedando sin deliberación en el concejo los nobles y prelados.  Es el paso definitivo hacia las “ciudades-estado” bajomedievales, de corte burgués.  Esto no supone otra cosa que la sustitución de los reinos por el gobierno provincial, o de las grandes ciudades, y la separación radical entre los concejos populares, vedados a la nobleza, y la jerarquía feudal nobiliaria, que aumenta sus posesiones en el campo leonés.  Por el “Concilio de Salamanca”, los Templarios quedan libres de acusación en el País Leonés.  El Papa revoca esta decisión y tras el “Concilio de Toro” de 1310, las posesiones de éstos pasan también a los grandes señores. 
    La minoría de edad de Alfonso XI, nacido en Salamanca, fue confiada en territorios leoneses a Dª. Constanza y D. Juan, instalándose al rey niño en Toro. La separación de territorios y competencias de leoneses y de castellanos es bien clara e inevitable, debido a las constantes revueltas.  Se intenta hacer de Toro una ciudad neutral, sin conseguirlo.  La muerte de los regentes leoneses originó una vez más desavenencias, acordándose en 1315 que los alcaldes del País Leonés se reunieran cada año en Benavente por noviembre.  En el “Concilio de Zamora”, de ese mismo año, se derogan los privilegios que otorgara Alfonso VIII a los judíos leoneses, estallando nuevas revueltas que terminaron con el “Acuerdo de Corrales”, con nuevas prebendas para la nobleza. El clima de libertades y de corporativismo en las instituciones se había roto, y se estaba rompiendo el esquema nacional.
    Desde 1325, el rey, mayor de edad ya, tiene consejeros que organizan la matanza de quienes atizan la respuesta leonesa.  Don Juan es asesinado en Toro y Osorio de Villalobos en Valderas, causando nuevamente la rebelión de ciudades leonesas, y también, curiosamente, Valladolid, que fue tomada, teniendo el rey que desembarazarse de su consejero Núñez, en Bélver en 1328.  Dos años más tarde se produce la batalla del Salado, y poco después, las tropas del concejo de Zamora toman Algeciras.  Se escribe, en leonés, la crónica de Alfonso XI, que narra estos hechos. En el sitio de Gibraltar, en 1350, muere el rey de peste, que se extiende por toda la península.
    Pedro I, rey de Castilla, se vio envuelto en problemas sentimentales, tanto de su padre como propios (Leonor de Guzmán y María de Padilla, ambas mujeres leonesas) y para liquidar desavenencias con su propia madre y hermanastros, toma Toro, donde se habían refugiado, ensañándose con los vencidos en 1356. Su hermano Enrique fue entonces reconocido por algunas ciudades, pero las leonesas, en general, permanecieron fieles a Pedro hasta después de su muerte.  Debido a esta fidelidad y dada la enemistad entre éste y Enrique, el rey Enrique II sitia Zamora en 1369, acudiendo los portugueses una vez más en apoyo de los leoneses.  Enrique distribuye beneficios entre sus aliados franceses entregándoles Villalpando; sin embargo, Zamora no se rinde.
    Alonso de Tejada repite en 1371 la hazaña de Guzmán, tras ver ejecutar a sus tres hijos bajo el castillo de Zamora.  Termina huyendo a Portugal con las llaves de la ciudad.  Siguen guerreando algunos caballeros leoneses; Men Rodrigue de Sanabria, héroe de la novela del mismo título escrita por Gil y Carrasco; Fernando de Castro y Ferrán Alfonso, hasta el acuerdo de Lisboa de 1372 por el que se crea el Ducado de Benavente, comprándose una vez más a los nobles con prebendas.
    En tiempos de Juan I estallan guerras entre la corona y Portugal, guarneciendo el rey Ciudad Rodrigo y Zamora, tras ser asesinado en Lisboa el cardenal zamorano Aunes.  Juan es vencido en Aljubarrota, entrando tropas inglesas por Alcañices (estamos en el juego de alianzas de la guerra de los Cien Años) sitiando el duque de Lancaster Benavente y, no pudiéndola tomar, pasa a Valderas.  Sus habitantes prefirieron incendiarla antes que entregarse (1387).
    De la minoría de Enrique III se encargaron un regente por parte del reino de León, Ferrán de Aspariegos, y otro por Castilla, además de los representantes de cada ciudad.  Don Fabrique, duque de Benavente, se subleva originando disturbios en Salamanca, Zamora y Villalpando, intentando coronarse rey de León, pues era descendiente de Alfonso VIII.  Fue vencido en Roa en 1397.
    Casi todas estas guerras, entre 1273 y 1393 fueron un intento de secesión leonesa, mezclada con diversas implicaciones internacionales, sentimentales, de poder, y de toda índole.
    El heredero de Enrique nació en Toro, y al año siguiente le sucedió en el trono (1406).  Como regente único estuvo Fernando de Antequera, que después sería elegido rey de Aragón.  En esta época, las ciudades piden que las Cortes de León se reúnan juntamente con las de Castilla, pero no lo hacen por un intento de unión definitiva, sino para vigilar mutuamente el ascenso de las otras, por recelos, envidias y odios; en algún caso, sus representantes llegaron a enfrentarse a golpes delante del mismo rey.  Cada uno quería mayores privilegios y prebendas.  Juan II tuvo como privado o consejero a Álvaro de Luna. Nada se consiguió en cuanto a pacificación en las Cortes de Toro de 1426, teniéndose que trasladar Juan II a Zamora por la peste.  En Zamora y Fuentesaúco, una revuelta, esta vez de origen religioso (los Fraticelli, con Alonso de Mella a la cabeza) complica hasta tal punto la situación que Pedro de Aragón llega a apoderarse del Castillo de Alba, junto a Carbajales.  La corte de Juan II, influida por estos infantes aragoneses y una pléyade de escritores, residió en el palacio del marqués de Alcañices, en Toro, asiduamente.
    En esta época comienzan a verse claramente las influencias culturales renacentistas italianas.
    Bajo el reinado de Enrique IV, se sublevan una vez más varias ciudades leonesas, esta vez por causa de los corregidores, siendo vencido por el rey el principal instigador, el Duque de Alba, también descendiente de la casa real leonesa.  Por este y otros motivos se reduce el número de ciudades con voto en cortes; se tiende a aumentar el poder real y tanto nobles como pueblo en general se rebelan, es el prerrenacimiento. La burguesía no alcanza el poder que tuviera años atrás, mientras los bandos nobiliarios dictan el signo del desgobierno, por ejemplo en la batalla de Valdelagallina, en 1472, donde los partidismos mezclan reinos, ciudades y familias.
    Al fallecer el rey, los leoneses se dividen entre partidarios de la hija y partidarios de la hermana de éste (Juana “la Beltraneja”, casada con el rey de Portugal, e Isabel “la Católica”, casada con el de Aragón).  Toro y Zamora se decantan por Juana, negándose Isabel a que estas ciudades pasen a Porgugal.  Tras la batalla de Peleagonzalo, se toma Toro y se firma la paz.  Destacan en estos hechos las mujeres leonesas María Sarmiento, Antonia García y sobre todo la “Dama de Arintero”.