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Últimos años

  • Unión Leonesista


    Manifestación leonesista, mayo 1984


    Partido Regionalista del País Leonés (PREPAL)


    Unión del Pueblo Leonés (UPL)




    Destrucción de Riaño




    Conceyu Xoven




    Manifestación leonesista, octubre 2006




    Ciudadanos el Reinu de Llión (CCRL)




    Esquierda Llïonesa


  • A finales del siglo XIX se inicia el estudio de la lengua leonesa con obras como Das Altleonesische del filólogo alemán Gessner (1867) o Estudios sobre la conjugación leonesa, de 1896, del filólogo alemán Friedrich Hanssen; pero la obra cumbre del estudio de nuestra lengua, aunque su autor la califique de dialecto, será El dialecto leonés del filólogo asturiano Ramón Menéndez Pidal, en 1906. Esta obra marcará un antes y un después en el estudio del leonés e, influenciados por ella, se publicarán en 1907 Étude sur l’ancien dialecte léonnais d’après les chartes du XIIIé siécle, del filólogo sueco Erik Staaf, y en 1910 Los infinitivos leoneses del Poema de Alexandre, del alemán Hanssen. Sobre esas fechas el también filólogo alemán Fritz Krüger realizará estudios sobre el leonés occidental centrándose posteriormente en Sanabria. En 1913 el filólogo brasileño Américo Castro realizará Contribución al estudio del dialecto leonés de Zamora. A partir de entonces los estudios sobre el leonés se centrarán en la recopilación de vocabularios comarcales con la única excepción de Léxico Leonés, de la filóloga francesa Janick Le Men, en 1999. En algunos diarios leoneses, como El Adelanto de Salamanca o El Faro Astorgano se escribe en leonés, utilizando el dialecto local; sin idea clara y estructurada del ser leonés, pero intentando recuperar usos y conocimientos nacionales del País Leonés.
    Existe paralelo interés hace la etnología, sobre todo acerca de trajes y folklore propios. Estos movimientos tienen su apogeo entre 1900 y 1916, y parece que fueron favorecidos por Sagasta y atacados por Gamazo, representantes de las dos tendencias políticas estatales de aquélla época, viéndose finalmente frustrados por la fuerza de la “Gran Castilla”, vinculada políticamente a la derecha conservadora y conformada en ciertos grupos socialistas y nacionalistas. La provincia de León y sobre todo su capital, han sido siempre los más nutridos opositores al movimiento absorcionista castellano. Políticamente, sin embargo, la vinculación de las tierras del antiguo Reino de León a Castilla es poco discutida. Los escritores de la generación del 98 identifican falsamente a la meseta con el territorio castellano, y sobre todo definen a Castilla por la frontera de Campos, como la “inmensa llanura”. El portugués Oliveira Martins, oponiéndose a todo esto dice que “Campos es la esencia del Reino de León”. La población del País Leonés llega en estos momentos al millón de habitantes y sigue siendo casi absolutamente rural. Existen, sin embargo, bastantes manifestaciones artísticas leonesas de esta época, como corresponde a un período de intento de afirmación de los propios intereses y características.
    El modernismo, corriente común a toda Europa, coincide con el primer movimiento regionalista leonés. Si en política los regionalistas leoneses parecen ser afines al catalanismo, en arquitectura, las relaciones con esta nacionalidad son evidentes; Gaudí eleva el Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de Botines en León, que se integran perfectamente en el aspecto urbano. Durante la Segunda República, se barajaron dos posibilidades principales para la regionalización. En una, las provincias de Oviedo, León, Zamora y Salamanca, formarían la región astur-leonesa; éste planteamiento, muy acorde con la etnología del País Leonés, no pudo llevarse a cabo por diversas razones; a saber, el nacional-socialismo cerealista de Valladolid, la brusca diferenciación asturiana que se concretó en su revolución, y algunas otras más. La segunda posibilidad consistía en una macroregión formada por las provincias de Castilla la Vieja y las del Reino de León, y ésta fue la que contó con un mayor éxito y apoyos. Incluso escritores en lengua leonesa condescendían en llamar “castellanos” a los campos de Salamanca. No se contempló la posibilidad de que el País Leonés pudiera ir solo, parecía destinado a la desaparición.
    Pero lo que desapareció fue la República. Y la Guerra Civil española supuso para el País Leonés una vuelta a la exclusiva organización provincial. A pesar de que los nacional-sindicalistas hicieron suya la “Castilla Imperial” o “Gran Castilla”, eran opuestos a las autonomías, de modo que las tierras leonesas siguieron conservando precaria y nominalmente su identidad como Reino de León, articulado en tres Diputaciones provinciales, cada vez más provincialistas y más desvinculadas entre sí. No existió unidad de criterio entre los leoneses que vivieron la Guerra Civil; la montaña minera del norte era mayoritariamente republicana de izquierdas, mientras en Salamanca organizaba Franco el gobierno de la zona nacionalista de derechas. Como contienda civil que fue, la represión y la barbarie se enseñorearon de pueblos y ciudades. Parece que fue el centro, Zamora, la que más padeció, contabilizándose algunas decenas de miles de muertos. En los primeros años de paz, “el Maquis” de los Montes de León, desde Asturias a las proximidades de Zamora, continuó una guerrilla sin esperanzas.
    Un nuevo y más tímido interés se desarrolló por los temas históricos y etnológicos, realizándose investigaciones continuadoras de las del alemán Kruger. En 1950, el País Leonés alcanza su máximo histórico de población, de todos modos muy bajo, 1.200.000 habitantes, con una densidad de unos 30 habitantes por cada kilómetro cuadrado. Pero sigue por industrializar, fuerte y tradicionalmente ruralizado, lo que contribuirá a la rápida pérdida de habitantes al no modernizarse las estructuras. No faltaron tampoco las catástrofes que sembraron, cuando menos, malestar en la población, como la explosión del polvorín de Peñaranda de Bracamonte en 1939, las riadas de 1948 y 1962, la rotura de la presa de Ribadelago en Zamora en 1959, el terremoto de principios de 1960, etc. Las décadas de los 60 y 70 contemplan la modernización del ambiente leonés, disminuyendo la población rural rápidamente y creciendo las capitales de provincia con un tremendo auge constructivo. La tímida oposición política al franquismo quiere sustituir la “Gran Castilla” por un universalismo con predominio de lo anglosajón o de lo francés, pero pronto se cae en la imitación del movimiento catalán uniendo la protesta a la nueva canción de Madrid. Mientras tanto, Valladolid sigue afianzándose como centro económico e industrial del centro-oeste peninsular, apoyado en su puesto de favor político, mientras se destruyen sistemáticamente las posibilidades de progreso industrial del País Leonés, suprimiendo la Feria de Campo de Zamora sustituida por la de “Castilla y León” en Valladolid, suprimiendo talleres de RENFE en nuestro territorio, ubicando en Valladolid el centro de distribución eléctrica de las presas leonesas, y un largo etcétera. Enmascarando tal situación con la presencia en nuestro territorio de esas grandes presas; se llegó a decir que Zamora en los años 60 era la provincia con mayor crecimiento industrial gracias a ellas, cuando en realidad había perdido 50.000 habitantes y era la menos industrializada, y lo sigue siendo de todo el Estado. Existe, por tanto, una situación de gran injusticia comparativa para el País Leonés con respecto al resto del Estado, que fue y sigue siendo denunciada en la prensa y en libros por diferentes personas del país y también por algunos grupos, casi siempre con el nombre de etnocidio. Este término que no es lo suficientemente usado se refiere a la destrucción de todas las raíces y posibilidades de desarrollo cultural de un país, anulando su personalidad y su capacidad de realización económica y política.
    Consideramos, pues, etnocidio con respecto al pueblo leonés, a la pérdida de manifestaciones culturales, de vías de comunicación entre los habitantes, y de puestos de trabajo y de industrias en nuestro territorio que minan toda esperanza de crecimiento económico una mejora en las condiciones de vida de nuestra sociedad, además de no ser reconocidas oficialmente la identidad, la cultura y la economía de nuestro pueblo. No sabemos a ciencia cierta si todo ello ha sido realizado de forma consciente, pero el etnocidio contra el País Leonés ha existido y existe. Es evidente. Baste como ejemplo la supresión de la Vía de la Plata, la ubicación de centros administrativos fuera del país, la escasísima industrialización, las trabas a la comercialización de productos agrícolas y ganaderos, los restos de un caciquismo secular, la pérdida de población, la nula difusión de las características culturales propias, la sustitución de algunas de éstas por otras castellanas, el nulo apoyo a los dialectos leoneses en particular, y a la lengua leonesa en general, etc., etc. Esta situación no sólo se dio durante y a finales del franquismo, sino que continúa en nuestro días. La Constitución del 78, sin embargo, afirma “defender la cultura de los pueblos y sus lenguas”.
    Tras la muerte del dictador Franco, en pleno proceso democrático, surgen Ciudadanos Zamoranos (CC.ZZ.), en Zamora; el Grupo Regionalista Salmantino (GRES), en Salamanca; el Concejo Abierto Leonés (CAL), Jóvenes Nacionalistas Leoneses (JNL) y la Asamblea Independiente Leonesa (AIL), en León; que se oponen todos ellos al proyecto de una autonomía castellano-leonesa, pidiendo un referéndum público que no se llega a realizar. En las dos formaciones leonesistas, en principio más culturales que políticas, militan grupúsculos de izquierdas, junto con independientes. El año 1978 contempla muchas reuniones de estos grupos que no dan resultado alguno. La derecha de la provincia de León termina monopolizando la situación presentando con la ayuda de estas formaciones leonesistas un recurso para separar la provincia leonesa, lo que aumenta la confusión en el pueblo. Tanto este recurso como el presentado por representantes de la provincia de Segovia, ambos para la no inclusión de sus respectivas provincias en el nuevo ente no prosperan, a pesar de que en ambos casos la mayoría municipal es hostil a la creación de dicha comunidad.
    La década de los 80 comienza con la organización de los primeros partidos políticos propiamente leonesistas, como el Bloque Autonomista del País Leonés, el Grupo Autonómico Leonés (GAL), el Partido Regionalista del País Leonés (PREPAL) y sus Juventudes Leonesistas (JJ.LL.) y la Unión Leonesista (UNLE).
    Mucho se habla considerando el derecho del País Leonés a la autonomía y denunciando el etnocidio, pero se constituye pese a quien pese la Comunidad Autónoma de Castilla y León, ignorando la cultura leonesa y desmantelando su economía, o no haciendo nada por impedir ese desmantelamiento. En las fuerzas políticas leonesistas surgen disidencias bien sembradas desde fuera, bien por ingenuas gestiones de políticos inmaduros. Se forma la “Coordinadora Leonesista” otra vez con dirigentes de derechas, que intenta la separación de León provincia, como paso previo, se dice, para la separación de todo el País Leonés. Sin embargo, la derecha de Salamanca y de Zamora no se mueve.
    Con el masivo apoyo del leonesismo a la Coordinadora se realiza la mayor manifestación en la historia del País Leonés; en torno a 100.000 personas, a favor del reconocimiento de nuestro país y su derecho para constituirse en comunidad autónoma; el 5 de mayo de 1984. La prensa ni siquiera se hace eco de ella fuera de la provincia de León. Poco después, consolidándose las disidencias nace el Partido Nacionalista del País Leonés. Las posturas se radicalizan y ya hay gente que habla y se posiciona abiertamente a favor de la independencia del País Leonés. Se unen al movimiento leonesista muchos ecologistas y celtistas, y hay brotes de terrorismo, afortunadamente sin graves consecuencias, a cargo de Tierra Lleunesa, organización que anunciaba estar dispuesta a luchar por la liberación del País Leonés. Su existencia fue efímera, afortunadamente.
    En 1987 se procede a la destrucción del pueblo de Riaño y varios más de su comarca, porque sus habitantes se niegan a abandonarlos, esto es para muchos leoneses y leonesistas el colmo del desánimo, pues supone que nadie levantará un dedo en defensa de nuestro país. Más de trescientos guardias civiles toman Riaño para poder proceder a su derribo y para construir en su emplazamiento un pantano; aunque la realidad es que allí se llevó a cabo un crimen ecológico y humano.
    Con motivo de problemas agrícolas y ecológicos hay disturbios en Zamora y Aldeadávila, dónde incluso llega a actuar “Tierra Lleunesa”. Cuando la derecha llega al gobierno autónomo, sustituyendo a los socialistas, deja de apoyar cualquier tipo de movimiento leonesista encaminado a la reivindicación de la autonomía propia para nuestro país.
    La unión de la UNLE con otros seis grupos leonesistas, en febrero de 1991, representa el nacimiento oficial de la UPL (Unión del Pueblo Leonés), con el liderazgo de José Mª Rodríguez de Francisco, hasta entonces concejal independiente del Ayuntamiento de León.
    En las elecciones de 1992, el PREPAL se convierte en la tercera fuerza política del País Leonés, por delante de centristas, liberales y comunistas, consiguiendo el gobierno de media docena de ayuntamientos con mayoría absoluta y otros muchos concejales. El Partido del Bierzo, tendente a que se considere que El Bierzo es una región, bascula entre lo leonés y lo gallego.
    En 1993 se crea la organización nacionalista juvenil Conceyu Xoven (CX) que promueve la unidad territorial y política de todos los territorios con cultura leonesa, la oficialidad de la lengua leonesa en ellos, y el autogobierno para el País Leonés, que incluiría las provincia de León, Zamora y Salamanca, y varias comarcas de otras provincias limítrofes en el Estado español, y el Distrito de Braganza en Portugal. Esta organización estuvo vinculada desde su nacimiento a la UPL y hasta el año 2010.
    Hoy todo parece perdido, pero el leonesismo; partidos políticos leonesistas y grupos leonesistas; sigue existiendo e intentando reagruparse. En los últimos años se han realizado grandes progresos en cuanto a concienciación de nuestra sociedad y se han realizado muchos cursos de aprendizaje de nuestro idioma propio, el leonés. En las tres provincias leonesas se han efectuado, a su vez, abundantes movilizaciones y manifestaciones periódicas en defensa de nuestra identidad y reivindicando nuestro derecho al autogobierno, en buena medida gracias al denominado “leonesismo social”, agrupado fundamentalmente en torno a la asociación Ciudadanos del Reino de León.
    En lo político, sobre todo desde sectores de izquierda, surgen partidos y movimientos políticos, como Agora País Llïonés o Esquierda Llïonesa.